Ficha






Contacta con María Ángeles Cuartero

Mariángeles C. no es una profesional. Ella se preocupa.
Se preocupa por el creciente sadismo con el que nos empleamos para desacreditar a la mentira, se preocupa por la falta de desconchones en las tapias de nuestros cementerios, se preocupa por la rapidez con la que los retratistas de palomas se hacen con el negocio del arte decorativo.
Y, por supuesto, ella tiene muy a bien su salud mental, y quiere dejar de preocuparse. Por ello os enseña su colección de lindezas curativas.
Pongamos un ejemplo:
Los muchachos de National Geografic llevan una eternidad irritando la sensibilidad de los buenos amantes de la fotografía de viajes. Todos sus guepardos y serenguetis en amaneceres turquesa de exposición prolongada han conseguido saturar de aburrimiento las paredes de nuestras tascas y gasolineras. Sus epitafios son calendarios del año en curso, que siempre parecen del año pasado. Una nueva pornografía de postales renace con cada palmadita en la espalda por el trabajo bien hecho.

Para hacer algo al respecto, Mariángeles ha reunido unas cuantas fotografías para dar fe de que, no como otros, ella sí que estuvo allí y volvió para contarlo. Rescató a cientos de ahogados en la luz que abrasó Venecia sin lobos, cartografió palmo a palmo los vapores incandescentes que dieron nombre a los espejismos de la Isla Caballito, practicó la pesca del escualo tipográfico y aún le quedó tiempo para mantener una constante y algo triste correspondencia con el último dandy que fue engullido por la debacle del cine mudo.

Semejante proeza requiere una determinación de hierro para combatir las constantes metamorfosis de la apatía, y un entrenamiento espartano en el arte de volver las cosas del revés sin que les cambie la cara. Ella obtuvo tales habilidades a base de pasar innumerables horas remando en una charca anónima. Se adquiere así la capacidad de poner desierto en cualquier paisaje.

Acompañan a las fotografías las críticas para libros inexistentes de Sergio A, ocasional aventurero de fortuna y renombrado teórico en campos tan diversos como el de la foto de familia o la máquina locomotora y su estrecha relación con las manifestaciones de la belleza convulsiva. Su trabajo en esta ocasión sigue con soltura y buen oficio el camino apuntado por escritores también inexistentes como Stanislav M. o Rolando B. para ofrecernos la revisión de unas novelas, ensayos y cuentos escritos en el ascensor al cadalso de la crítica . Cuidado, se trata de verdaderos ejemplos canónicos del denominado género no-presencial, material sensible. Posibles materializaciones de la carga emocional implícita en toda buena crítica son esperables, mucho cuidado con Juan Lorenzo Truman.

“Portadas para libros que no existen” es una exposición que homenajea el prólogo y reivindica la impostura. La creación material de historias a partir de la potencia de la imagen y el apoyo espiritual del comentario literario hace real la utopía de producir y embotellar la realidad al gusto del agente, al tiempo que preserva el misterio que escapa al control del observador. Las imágenes de Mariángeles C. están al servicio de cualquiera en su sano juicio para soñar. Multiplican las soluciones posibles a enigmas que todos intuimos y de los que todavía no conocemos la pregunta. Caminan sobre el futuro escrito con tinta invisible. Se acercan a la luz para ojearlo. Arden en la llama antes poder de descifrarlo.

Nuestra producción de imágenes y palabras necesita de ejemplos sanitarios en los que el misterio se oxigene para que la cutura reverdezca. “Portadas para libros que no existen” se incluye entre ellos y abastece lo poético soñado de historias frescas para la imprenta imposible de “Después editores”.

Listado de artistas aragoneses en activo alojados en la base de datos de e-migre.org
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